miasis cutáneas en pequeños rumiantes

Miasis cutáneas en pequeños rumiantes: una amenaza que crece con el cambio climático

Un estudio con 118 explotaciones españolas y el seguimiento de una ganadería caprina de Guadalajara confirma que W. magnifica sigue siendo la principal causa de esta parasitosis, con los machos como población más vulnerable

Las miasis cutáneas, conocidas popularmente como bicheras o gusaneras, continúan siendo una de las parasitosis más frecuentes y, a la vez, más infradiagnosticadas en los sistemas de producción extensivos de pequeños rumiantes en España. Así lo confirma un estudio reciente elaborado por investigadores del Departamento de Sanidad Animal de la Facultad de Veterinaria de la Universidad Complutense de Madrid, que combina los resultados de una encuesta a 118 ganaderías de 31 provincias con el seguimiento detallado de una explotación caprina de Guadalajara. El 85% de las ganaderías encuestadas confirmó la presencia de la enfermedad en su rebaño, con un porcentaje de animales afectados de entre el 0,1 y el 20% del censo en el 80% de los casos, lo que pone de relieve la elevada frecuencia de esta patología en las ganaderías españolas.

Wohlfahrtia magnifica, el principal responsable en España

A diferencia de otras regiones del mundo, donde las miasis traumáticas más relevantes están asociadas a especies como Cochliomyia hominivorax en América o Lucilia cuprina en Oceanía, la situación epidemiológica europea está dominada por el género Lucilia y, especialmente en la región mediterránea, por Wohlfahrtia magnifica. En España, esta especie se considera endémica en áreas de Castilla-La Mancha, Extremadura, Andalucía y otras regiones mediterráneas y semiáridas, aunque podría extenderse por toda la Península a excepción de la Cornisa Cantábrica. En algunas zonas del sureste peninsular, el porcentaje de explotaciones afectadas puede aproximarse al 95%.

Se trata de un parásito obligado, capaz de generar lesiones sin necesidad de un daño previo. Las hembras grávidas depositan larvas de primer estadio sobre heridas o aberturas naturales, que se desarrollan hasta el tercer estadio y se desprenden del animal para completar la metamorfosis en el suelo, en un ciclo que puede completarse en 10-12 días si las condiciones son favorables.

El sexo del animal condiciona el riesgo de infestación

El seguimiento realizado en la explotación caprina de Guadalajara, con cerca de 800 animales en régimen extensivo, permitió registrar 200 miasis cutáneas entre el 18 de julio y el 10 de noviembre de 2024. Los datos revelaron diferencias muy marcadas según el sexo: en las hembras, la vulva o el área perianal fue la región más afectada (76,3% de los casos), mientras que en los machos fue el área prepucial (96,4%).

El estudio constató que la probabilidad de sufrir miasis fue 14 veces superior en los machos que en las hembras, con una asociación estadísticamente significativa entre las infestaciones genitales y el sexo masculino. Además, los machos mostraron también mayor probabilidad de sufrir recidivas. Estos resultados sugieren que la vigilancia y limpieza rutinaria del prepucio en los machos, junto con el control temprano de las heridas en las hembras, podrían ser claves para reducir el impacto de la enfermedad.

Un periodo de actividad cada vez más largo

Uno de los hallazgos más relevantes del estudio es la tendencia al incremento de la duración del periodo de vuelo de W. magnifica, es decir, el intervalo anual en el que se registran casos de la enfermedad. En 2024 este periodo duró 211 días, frente a una media de 189,9 ± 15,8 días entre 2011 y 2024. Los investigadores atribuyen este alargamiento al progresivo adelanto del inicio de la actividad parasitaria y al retraso de su finalización, un proceso que podría estar impulsado por el incremento global de las temperaturas y que podría favorecer también la expansión del parásito hacia latitudes más septentrionales.

Respecto al control de la enfermedad, el estudio destaca la eficacia de productos como la cipermetrina, la doramectina y, especialmente, el diciclanilo cuando se aplican de forma estratégica antes de los periodos de mayor actividad de las moscas, mientras que la eficacia de la ivermectina y la moxidectina frente a infestaciones ya establecidas parece limitada. Las isoxazolinas, como el fluralaner, se perfilan como una alternativa prometedora, aunque la experiencia de campo todavía es reducida.

RFEAGAS
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