Lourdes González: “La trashumancia también es cultura”

Gescan ha entrevistado a Lourdes González Bernabé, ganadera trashumante de las razas bovinas Berrenda en Colorado y Avileña-Negra Ibérica que todos los años trashuma junto a su familia

Gescan ha entrevistado a Lourdes González Bernabé, ganadera trashumante de las razas bovinas Berrenda en Colorado y Avileña-Negra Ibérica que todos los años trashuma junto a su familia hasta el Puerto de Tornavacas, y ha publicado la conversación en su página web.

Del texto, recogemos lo siguiente:

«La trashumancia es una actividad milenaria imprescindible para conservar la biodiversidad de nuestro territorio. Lourdes González Bernabé bien lo sabe, y todos los años, junto a su marido, Ángel Gómez Nuñez, mueven dos ganaderías de razas autóctonas con 400 cabezas: las razas Avileña-Negra Ibérica y la Berrenda en Colorado, esta última en peligro de extinción. Parten desde dos lugares diferentes: Santiago del Campo con las vacas Berrendas y Brozas con las vacas Avileñas, pero el viaje para ambos rebaños termina en el mismo punto después de 150 y 200 km, el Puerto de Tornavacas.

Este puerto, paso fronterizo desde la provincia de Ávila hacia Extremadura, está situado en el extremo occidental de la Sierra de Gredos, en la provincia de Cáceres. Aquí nace el río Jerte, siendo esta zona la cabecera Del Valle del Jerte. Con una altitud de 1275 metros, el Puerto de Tornavacas no es un enclave cualquiera: históricamente fue la puerta de entrada desde el Reino de Castilla, por donde pasaban los rebaños trashumantes del Honrado Consejo de la Mesta.

Ellos y sus vacas van por todos los caminos posibles de la trashumancia. Cañadas, veredas, cordeles… Aunque con ganado llevan veinte años, son trece los que cumplen este año “haciendo el cordel”. Lourdes nos cuenta que siempre van por cañadas mientras el cordel lo permita, pero que a veces tienen que cruzar carreteras y atrochar por veredas para que el viaje sea más cómodo y fácil. Lourdes lo tiene claro: para sus animales, la trashumancia es lo más lógico y coherente, y también por supuesto, lo más viable. Ya que con estos movimientos de ganado, los animales pueden aprovechar los pastos de la sierra en verano y el resto del año los de la dehesa, haciendo posible también el descanso del suelo y que sus animales puedan comer hierba tierna en esta época del año. Para ella y su marido, es impensable quedarse en la dehesa en verano: “Nuestras vacas suben en junio, cuando ya se han comido la primavera en la dehesa, en la sierra comen verde y tienen agua fresca, no es lo mismo que quedarse ahora en la dehesa”.

Para ella, hacer el cordel significa mucho sentimentalmente. Ángel, su marido, viene de familia ganadera, de trashumantes, él, como ella, no quiere dejar de hacer la trashumancia nunca. Lourdes nos explica que para ellos la trashumancia va más allá de los movimientos del rebaño a los pastos de montaña. “Es cultura, conservación y protección de la biodiversidad, prevención de los incendios forestales…” Pero lamenta el poco relevo generacional que hay en la ganadería extensiva, y más en la trashumancia, ya que hay muchos ganaderos que ni siquiera la practican. Ella y su marido tienen claro que esta actividad milenaria no puede perderse y que se debe acercar y enseñar a la sociedad».

Puede leer la entrevista completa haciendo clic aquí.

 

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