Castellana Negra, huevos como catedrales

La versión completa de este artículo técnico está disponible en el número 44 de la revista de la Real Federación, a partir de la página 115

Aunque este artículo va a tratar diferentes aspectos técnicos relacionados con el plan de conservación de la raza aviar Castellana Negra y su manual de trabajo, queremos comenzar con una anécdota que puede ayudarnos a entender el valor, no solo genético y ganadero que tiene esta raza, sino también cultural, histórico y patrimonial.

El huevo de Colón

En los escritos de Fernando Orozco relacionados con esta raza se hace referencia al origen medieval de la misma, ligado posiblemente a gallinas negras traídas por los árabes a la Península Ibérica. Orozco también relaciona las Castellanas Negras con la reina Isabel la Católica, diciendo que le gustaban esas gallinas inquietas y exploradoras que se encontraba en sus viajes a través de las tierras de su reino.  También se hace referencia a que, en alguno de los viajes que realizó Colón a América, se transportaron este tipo de gallinas. De ahí la relación genética entre nuestras actuales Castellanas Negras y algunas de las razas de gallinas de color negro existentes en América.

Todos hemos oído hablar en algún momento del huevo de Colón. Aquella historia cuenta que Colón fue a ver a la reina Isabel la Católica para buscar financiación en sus viajes hacia las Indias (hoy día diríamos que buscaba un sponsor potente para una loca aventura). Al parecer Colón llevaba un huevo consigo. Y, señalando en el huevo, explico a la reina que en lugar de seguir la ruta oriental hacia las Indias era posible descubrir una ruta hacia el oeste para llegar con más rapidez a dicho lugar. 

Posiblemente, ese huevo era de uno de los ancestros de nuestras actuales Castellanas Negras.

Esta historia, a caballo entre la crónica y la leyenda, cuenta que los presentes en dicho encuentro se rieron de Colón, le dijeron que aquello era tan imposible como conseguir poner de pie aquel huevo en el que describía sus ideas. 

Entonces Colón cogió firmemente un huevo con una mano y golpeó ésta contra su otra mano de forma seca, sin romper el huevo, de este modo consiguió romper las chalazas que suspenden la yema en mitad del huevo. Y con este ingenioso método consiguió dejar de pie el huevo, y argumentar que su idea de viajar a las Indias por la ruta occidental estaba basada en sus conocimientos técnicos de navegación, al igual que sus conocimientos le habían permitido conseguir que un huevo quedase de pie.

Actualmente, para todos resultaría aberrante perder parte del patrimonio arquitectónico de aquella época que acabamos de describir. Y así, las catedrales medievales se consideran un importante patrimonio a conservar. El trabajo que llevamos años desarrollando desde la Asociación Nacional de Criadores GANECA, Amigos de la Gallina Castellana Negra, busca concienciar a la población sobre la importancia de mantener esta raza y trabajar para poner en valor sus productos, buscando mantener la funcionalidad que consiguió que su presencia a través de los siglos llegase hasta nuestros días. Porque las Castellanas Negras de siglos pasados se buscaban la vida para comer, eran rústicas y resistentes, si no ponían terminaban en la cazuela, dormían subidas a los árboles y las cerchas de los tejados para escapar de los depredadores. Y consiguieron ser catalogadas como las mejores ponedoras de las primeras décadas del siglo XX, con más de 200 huevos al año, hasta que aparecieron por España los híbridos industriales y las castellanas se refugiaron en cortijos, alquerías y casas de campo, cayendo en el olvido.

Este artículo, firmado por José Luis Yustos Gutiérrez, director técnico de la raza aviar Castellana Negra y presidente de GANECA (Amigos de la Gallina Castellana Negra), está disponible de manera íntegra en la revista número 44 de la Real Federación, a partir de la página 115.

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