Diario de Valladolid publica un artículo sobre la raza Castellana Negra
El artículo de E. Ortiz incluye declaraciones de José Luis Yustos, presidente de la Asociación Amigos de la Gallina Castellana Negra (GANECA)
Diario de Valladolid ha publicado un artículo sobre la raza Castellana Negra y la Asociación Amigos de la Gallina Castellana Negra (GANECA) a raíz de que, recientemente, haya recibido el Premio para la Sostenibilidad Fuentes Claras de Castilla y León en la categoría Asociaciones por el proyecto Gestión del Plan de Conservación y Libro Genealógico de la raza aviar en peligro de extinción Castellana Negra.
El texto está firmado por E. Ortiz y se incluyen declaraciones de José Luis Yustos, presidente de la Asociación. Del escrito recogemos lo siguiente:
«La custodia de estas aves «muy rústicas y antiguas» no es cuestión baladí, por la inquietud que les caracteriza. Las crónicas cuentan cómo sobreviven desde el Medievo porque se buscan la vida por sí mismas. «No están afincadas en naves con climatización y un cuidado exquisito para sacar el máximo de producción», asevera Yustos para poner como muestra del instinto de supervivencia de estas gallinas su capacidad de «subirse a los árboles para dormir y escapar de los de depredadores» o la resistencia que en extensivo forjan frente a los contrastes térmicos. «Nunca pueden competir en rendimiento con un animal que vive en una instalación aclimatada con un pienso de última generación», reconoce antes de apostillar que, a cambio, «no dan problemas y viven muchos años, llegando incluso a los diez»».
«La inquietud de estas aves requiere un «tratamiento en extensivo, en campero o en ecológico». Lo que, a su vez, pasa factura en la producción que alcanza «la mitad que un híbrido industrial» con cerca de 150 huevos anuales. El desconocimiento hace saltar todas las alarmas cuando esta gallina deja de poner con la llegada del otoño. Esto no significa que «ya no valga», temor que muchos avicultores comparten con Ganeca, sino que necesita guardar energías «para mudar las plumas, que le protejan del frío y le permitan volar; así como para recalcificar su esqueleto de donde, prácticamente desde enero hasta octubre, coge la cal para los huevos». A esta recarga de pilas hay que sumar que, con esta estación, «los días se acortan y la gallina tiene menos tiempo para comer»».
Puede leer el artículo completo haciendo clic aquí.



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